
-Las golondrinas desafiaban al aire, se asomaban casi ausentes al exterior, sólo un ojo observador, podía ver cómo sin mirar atrás, contrastaban la luz del atardecer, salían del nido carente de ventanas, se entregaban a su entorno, a su mundo, con un objetivo fijo, regresar-.
En su nido si había ventanas, aunque en muchas ocasiones deseaba derribarlas. Abrirlas no era lo mismo, porque ello significaba que sin remedio, debía cerrarlas.
Su silueta recostada, y el paisaje ante sus ojos, podrían haber sido, la mejor inspiración para escribir el relato que nunca se olvida, las letras que nacen cuando los dedos necesitan parir lo que el corazón ha estado guardando, con el celo de los ojos que miran, ven, y guardan en la sangre del poeta.
La soledad hablaba sin parar y sin descansar, en ningún recodo del camino.
Le pilló desprevenida, y sin sentirse ahogada por su presencia, ésta, le habló con las sensaciones que había olvidado, su silencio le dibujó caricias en las palmas de las manos, abrió otras dimensiones en sus ojos, que le permitían observar la belleza de las montañas respaldadas por el horizonte, le hizo darse cuenta de la belleza del verde de las manzanas olvidadas en el centro de su mesa, le hacía escuchar una voz desconocida pero familiar; su propia voz, que carente del eco de aquello que te vuelve ciega ante la vida, o de aquello que a veces la falsa moral te impide escuchar, te anuncia, te dice que siempre estuvo contigo en cada amanecer.
Y en esta soledad recién descubierta te espero, lo hago sin la prisa que el paso del tiempo te enseña cuando aprendes a vivir cada momento como si fuera el último, cuando aprehendes a la vez todo lo que una mirada, un gesto, un silencio, un beso o un te quiero, te da para que su huella quede en ti, y defina tu mirada a lo largo del camino.
Como en este mismo momento que los colores juegan en el cielo con el atardecer, o quizá sea éste el que juega con ellos en este cielo infinito porque sigue imperturbable con su azul, más allá del horizonte, allí donde el mar también descansa, y nos espera anclado un velero sin nombre.
Lo voy descubriendo a la vez que entiendo que sé esperar, porque te encuentro a cada paso dado, y te hallo a cada paso de quietud y descanso.
En tu mirada he aprendido que la palabra olvido se queda escrita en otros puertos, en tu sonrisa me dibujo a cada instante, en tus besos el amor y los sentimientos siempre vuelven a mí, como las golondrinas regresan a su nido.
Para mis caminantes querid@s...
Hace 1 hora.









22 Comentarios entre mis letras):
Me gusta esa soledad tranquila, y esperar, sí, y olvidar el ovido, que se pierda...; y encontrar esa linda sonrisa que te devuelve al paraíso.
Un besito
:) Reina
WOW me quedo con la mirada perdida en el puerto de tus versos..
Saludos fraternos
Con el cariño se siempre
Un abrazo
que tengas un buen inicio de semana
Me encantan las golondrinas porque tienen el poder de volar. Muchos otros seres tiene ese poder, aunq cada unp a su forma.
La elegancia de las golondrinas es tal que que desafía el egocentrismo humano, pues vuelan sin esfuerzo. Su poder es tal que de un cuerpo menudo y redondo sacan una figura tan esbelta, de alas curvas tan enormemente largas, que desafían las leyes conocidas de la ergonomía, poniendo a la raza humana y su ciencia donde se merecen, en el puesto de torpes aprendices, especialistas en poner vanos remedios a desaguisados que su ineptitud origina.
"Contigo aprendí a borrar las señales de vuelo, para que los pájaros sean los dueños del cielo."
Bso en tu mano.
Eso es saber mirar....waooooo,
así queda la palabra olvido?..
Me gustó.....Besos....
Tienes algunos párrafos tan bellos, tan concisos y sonoros, que te envidio por no haber sido yo el que los escribiera...
Me gusta leerte, me gustas...
Un beso, Ana. O dos.
Ay Ana... que me vuelve a pasar que me reconozco, que me dibujo entre tus líneas...
Siempre vuelven a mi... hay cosas que nunca se apartarán... hay momentos, instantes, que valen por una eternidad...
bsss
Divino Ana
besos y amor
je
…más allá del horizonte, allí donde el mar también descansa, y nos espera anclado un velero sin nombre.
…en el filo del horizonte, donde el vaivén de las olas ne mece… donde mi barco, lleva grabado tu nombre.
Mil besos
Saber esperar. Ay cuántos disgutos me hubiera yo ahorrado en la vida si no hubiera sido tan impaciente. Me ha gustado el texto. Saludos, Ana.
Cuando aprendes a esperar, siempre te encuentran.
Bss y gracias a todos/as.
Un paseo poético por ti misma y tus recovecos.
Una soledad paseada a fuerza de mirarte hacia dentro y recordar esos detalles inolvidables que hacen de compañía eterna.
Una espera nada inquieta, de relajación absoluta donde mientras se espera, se reconoce uno mismo...
Precioso,Ana, precioso de verdad.
Besos.
Es precioso Ana...intensa forma de mirar....
Un fuerte abrazo.
Ana, las golondrinas son unos de los recuerdos mas bellos de mi infancia. Complementan estos recuerdos, la belleza de tus letras. Excelentes letras de ti, para ti y nosotros.
Te abrazo, mucho, pero mucho.
MentesSueltas
Me encanto tu blog! mira q Reina me animo a entrar y es hermoso! ...
y si... nada como la espera es la mejor arma para encontrar lo q uno quiere..
un beso grande!
hermoso! llegué por el santo error y muy agradecido le estoy.
Precioso....
Feliz finde..un besazo
Las palabras desafían el aire...
arden las letras...
Precioso...
¡ Feliz verano!
Un beso.
Cada uno da lo que recibe y viceversa
Bonita lectura, gracias por compartirla.
Saludos
Las golondrinas si se posan en el suelo apenas pueden remontar su vuelo, aunque no sé si es un don o una condena...
Saludos.
Paso a dejarte mis saludos fraternos
Un abrazo con cariño
besos
que tengas una bella semana
Un bucólico pasaje cargado de sentimiento y esperanza...
... aunque no tengo muy claro eso de que las golondrinas regresen a sus nidos; no, señor.
Un fuerte abrazo desde el Otro Lado, Anna.
Como entiendo este escrito, me ha encantado..
Un beso muy cálido
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