sábado 10 de octubre de 2009

Hasta pronto





Hay unos minutos de gran silencio, pero la falta de sonidos que puedan entretenerme o desconcentrarme, no me engañan, más bien es todo lo contrario.

La vida es dura, complicada, confusa, algunos seres queridos, se van, se evaporan, dejan de existir, hoy están, mañana, ya se han ido, tú te preguntas el porqué, pero nunca hay una respuesta definida.

Hoy quiero y necesito que me leas, pero no estás, y si estás, estás pensando en cualquier cosa menos en leerme, te pierdes por otros rumbos, reparas en mí en la justa medida, te falta la empatía que encaja de pleno en toda mi personalidad, en mi carácter, en mi cuerpo, en mi piel, en mis ojos, en mi mirada, y yo, sin querer, me desvanezco ante tus ojos, ante tus versos, no estoy nunca, no existo, olvidas un beso mío con la mayor facilidad, y ni siquiera una mirada mía, tiene la suficiente fuerza como para que te pongas a escribirme o amarme a través de tus preciosas letras. Y esto ha creado un gran vacío en mi interior.

El párrafo anterior ha sido demasiado largo, quizás porque yo tenía mucho que decir, o sencillamente porque no sabía expresarlo con menos palabras.

Ahora si deseo desvanecerme, perderme, no ser nadie por unos instantes, ser quizás la figura más anónima del universo, ser una desconocida total y completa en tus pensamientos, y asegurarme que nunca más te acordarás de mí, y olvidarte yo a ti por completo, y no despertar mañana con tus ojos en mis pensamientos, y no buscarte a cada paso, y dejarme llevar por el silencio del vacío del olvido, del tuyo, de tu olvido.

No te escribo a ti, no escribo a nadie, esto, no tiene nombre propio, estas letras son para quien al leerlas, sienta que se eriza su piel aunque sea por un segundo, o crea, que algo así le sucedió ayer, y no habría podido expresarlo mejor que yo.

Pero yo no soy nadie en los instantes en los que tú no reparas en mí, o en esos instantes en los que piensas en escribirme, pero finalmente nunca lo haces, y lastima no saber porqué, y mis manos empiezan sobre cero, sobre cero a partir de tu propio olvido; siempre has deseado ser buscado, y yo mi amor, siempre he deseado ser encontrada, nos hemos perdido a medio camino, nos hemos cruzado, pero no nos hemos visto.


Apreciados lectores/as, queridos amigos/as:

Dejo Esbozos, aunque no deje de escribir.
He decidido empezar de cero en otro sitio, guiada por varios consejos, y también por propia reflexión.

No deseo caer en el tópico de frases hechas, decir que aquí dejo lo mejor de mí, o que aquí he conocido a personas maravillosas…todo ello es cierto, pero mi vida y mis circunstancias me obligan a coger nuevos rumbos.
He disfrutado mucho con vuestras lecturas, con las mías en vuestros blogs, pero mi tiempo me impide estar a la altura de las circunstancias, apenas puedo ocuparme de todas las asignaturas pendientes de mi vida, y esto en ocasiones te hace ver y entender de forma indirecta, quien realmente desea leerte y disfruta con ello, o quien sencillamente, espera de forma recíproca un comentario y nada más.

No pretendo ser descortés, pero si necesito ser sincera, y ha sido esclarecedor comprobar, que muchas personas te comentan si les comentas, y que si por circunstancias de tu vida no puedes hacerlo, formas parte del olvido, y eso entre otras cosas, dejan en entredicho, muchos de los halagos que anteriormente dejaron en tus textos.

Y aparte de ello, mi etapa de blogger y Esbozos, se terminó, ahora me alejo de este barrio y empiezo de cero en otro, totalmente de cero, ya que pensé trasladar el contenido de este blog, pero no lo haré, empiezo de nuevo.

Aquí queda parte de mi vida, de mis sentimientos, aquí queda tu tristeza cuando lo leas y entiendas, y aquí queda tu leer deprisa, cuando pienses…vaya otra que se va.

Gracias por vuestras lecturas, y sobre todo gracias a aquellos lectores/as, que cuando he estado ausente, y no he escrito, ni he comentado en sus blogs, han seguido a mi lado sin hacer preguntas.

Un fuerte abrazo para todos, esta será mi última entrada en Esbozos.

lunes 5 de octubre de 2009

Veintisiete




No sabe nada de flores, de amaneceres fríos, de mayos que se empeñan en no ser primaveras, ignora que en Octubre el otoño empieza a adueñarse de los colores ocres, o que el atardecer no sólo se puede apreciar frente al mar.

No entiende, que la noche obligadamente sea para refugiar sueños, porque sueña despierta aunque la luna esté preñando el paisaje, o las estrellas desde lo alto, hagan el amor con las mareas; está a punto de descubrir, que es única, irrepetible, que nadie tiene los gestos de sus manos cuando escribe, o que el rictus de su sonrisa, se queda grabada en innumerables retinas, intuye, que después de casi una media vida vivida, su piel es su mejor vestido, su mirada la mejor defensa ante el futuro, sus manos, la seguridad que sueña el presente cuando nadie la ve.

Añora, la risa de su padre, o las manos de éste cuando describía en el aire dibujos que le hacían reír, el mar con su aroma y sonido balanceándola en aquellos rincones que todos los demás evitan, unas manos que la dibujen en letras, unos labios que la pronuncien en silencio, un cuerpo que la busque entre el frío asfalto.

Deletrea un nombre que le toca el corazón, dibuja la fantasía que puede llegar a nublarle la razón, se bloquea con una traición, optimiza los sentimientos que hacen llorar a todos los que están a su alrededor y de vez en cuando, la ven.

Hoy ha faltado una mirada, una palabra que solo sea para ella, no ha habido caricias, ni ternuras, ni glorias que pudieran elevarla a la luna, pero, estaba el sol sobre su cabeza, el mar en su recuerdo, y la sonrisa en sus labios que nunca se apaga.
Y ahora, un descanso, para probar la miel olvidada en el tarro perpetuo de la despensa de los recuerdos, y ese olor, que nunca ha querido reconocer, y que ahora, forma parte de los años que le ha robado a la vida.

Y la vida, no la regaña, la mira, la observa, y aunque no dice nada, la ata, la sujeta, y la eleva al silencio que siempre la obliga a pensar que ella, es la dama que sin saberlo, alza las manos y sujeta las estrellas que los demás no consiguen alcanzar.

Quizás mañana, y pasado mañana, la madrugada esté tan vacía como ayer, pero sus manos y sus dedos, no consiguen olvidar que un día nació para amar, llorar, vivir, aprender, y ser una minúscula parte del cosmos que algunas veces nadie ve; quizás porque no existe, quizá porque nadie sabe mirar.
Ha descubierto que es mujer, y que algunas veces, sólo ella lo sabe.

jueves 1 de octubre de 2009

Veintiseis




El sol ha querido dar calor en otra ventana, ha desplazado sus rayos a una cuadrícula lejana, desconocida y gris, y silente, y estaba tan lejos, que no podía tocarla, ni siquiera con la yema de mis dedos.
La aurora iba y venía, se paseaba ante mis ojos escondidos en una ventanilla, el cristal hoy estaba sucio por fuera, melancólico por dentro, y repleto de interrogantes en mis pensamientos; me evadía en una ausencia, y mis ojos eran la más perfecta metáfora de la lluvia que invadía la ciudad.
Una música llenaba mi espacio vacío en mi memoria, lo hacía por echarte de menos, por saberte…quién sabe dónde. Y la voz, la voz tuya, esa que da forma a las palabras que todavía me acarician, esa que escueta y comprimida en un hola, me hace ahora al no haberla escuchado ya, equivocarme en los acentos de estas letras generosas, tristes, vacías y llorosas entre mis dedos.
Creo que eres el número mil de nudos en mi garganta, creo que eres el dos mil en mis taquicardias de olvidos, creo que ya nunca podré olvidar tus ojos, creo que esperabas recibir la nota que nunca me atreví a entregarte.
Se acerca el otoño con sus colores grises y apagados, se acerca a mí, te aleja a ti en este mes que me recuerda que cada vez estoy más cerca de cumplir mi medio siglo de vida.
Me queda otro medio para amar, abrazar, escribir, llorar y sucumbir a tus ojos.
Y escribir si tengo fuerzas.

domingo 27 de septiembre de 2009

Luz


La luz es tenue, la luz es suave, se mueve, me ve, pasa lenta por detrás, me roza la espalda, me hace creer en un solo instante, que soy tan eterna como ella.

La luz sí, quizás ella también alguna vez haya derramado lágrimas, cuando las luciérnagas dormían, cuando el agua enfadada en el océano era incapaz de reflejar la luz de aquel faro, cuando no puedo ver la luna a través de mi ventana, cuando se ocultó aquel atardecer en el que me hiciste cerrar los ojos por el dolor de haberte perdido, o por haber creído que te perdía en un paréntesis de silencio entre tu voz y la mía, por no poder mostrarse cuando llega la noche, o por la falta de respuestas que no logramos entender más allá de la muerte.

Pero ella brilla, lo hace en tus ojos, renace en los míos, y nunca muere entre tú y yo, y siempre sonríe cuando soy incapaz de dejar de escribirle al amor, a la vida; y sólo sonríe, nunca se burla porque ella es la vida.
La luz, mi amiga, que incluso cuando tengo miedo me mira, la luz, mi compañera, que nunca se marcha cuando tengo ceguera, la luz, que ahora dibuja tu nombre con el brillo del sol, y que al llegar la noche, descansa mecida por la luna, y por tus ojos cuando me miran.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Guijarros



Entre los guijarros, se enlazaron unas manos. Los primeros hacían daño a la vista, después dolían los desnudos píes al clavarse en la piel que pese a ello avanzaban hacia el agua.

Los que estaban bañados por ella, tenían ese color marrón brillante imposible de descifrar en una escala de colores, porque reposa su textura sólo en algún sueño descrito después en narrativa, y que ahora domina mis ojos; si miro por mi ventana entreabierta veo el color en la oscuridad, aunque esté violada por la luz artificial de las farolas.

Ahora, la piel ya no sufre, se resbala, y hace juegos de equilibrio que impiden la caída porque las manos siguen enlazadas.

Se enlazan con la justa presión, lo suficiente para que el contacto se pierda en cualquier momento, pero con la fuerza exagerada que hace la sensación eterna y duradera en el recuerdo.

Los píes se meten en el agua, comienzan a dar pasos que consiguen que el choque de temperatura del agua y la piel, invadan todo tu universo antes de que su humedad, le diga a todo tu cuerpo, que mire unos segundos hacia atrás, para ver como los guijarros, ahora se han vuelto blandos con el calor de las manos que se aferran a todo lo que queda por vivir.

Y de pronto el mar es una playa que nunca te cubre o te impide respirar, avanzas hacia él, te adentras a las profundidades que dibujan sueños en la superficie, ves la vida, el amor, el deseo y la esperanza, en un óleo teñido de azul claro.

Ya no hay una proa que vaya a la deriva, o un timón descontrolado por no haber unas firmes manos que lo guían, ni velas que jueguen en vano con el viento, ya no hay brisa sin olor a sal; hay manos enlazadas en un sueño que será realidad, ya no hay líquido entre tu nombre y el mío, ahora hay, agua que bautiza nuestros nombres, y cura los píes cansados del largo camino.

Y cuando se oculta el sol, nos asomamos al amanecer de aquello que nadie nos puede quitar.

El mar está aquí, tú y yo somos el océano que hemos empezado a dibujar.

Unidos contra el plagio. Solidaridad entre autores/as de blog. Pon la imagen en tu espacio.

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Imagen cedida y creada por dianna.

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